Cuando tenía 2 o 3 años, no lo recuerdo con claridad, perdí una parte de mí, tal vez muy pequeñita e insignificante en ese momento, pero que con los años ha marcado de mil formas mi vida... Los recuerdos son más bien imágenes intermitentes, mi madre, mi padre, una discusión que no entiendo, gritos, desesperación, golpes, confusión... Y yo me siento tan pequeñita, tan insignificante, pareciera que no me escuchan, mi voz debió ser muy baja porque ni siquiera voltearon a verme... Aquí estoy, los veo, los oigo y no puedo hacer nada...
Él la golpea, ella llora, no recuerdo si hubo sangre o sólo lo imaginé, más gritos, más golpes. No puedo más, mi papá está hincado, o sentado, no lo recuerdo, la golpea de nuevo y entonces siento que crezco, me hago grande y no sé cómo, de repente estoy subida en sus hombros, le pico los ojos y le grito que la suelte... "Ya déjala, no le pegues más o te saco los ojos", entonces me doy cuenta que soy como un mosquito que intenta detener a un gorila, pero no me importa, le sigo picando los ojos con mis deditos de 3 años y al mismo tiempo le digo a ella que corra, que se salve... Pero no corre, ni se salva, me pide que no le siga pegando. No entiendo nada,y entonces muere en mí una pequeña parte, un pedacito de mi corazón y de mi razón, de mi entender y de mi forma de amar... Ese día fue cuando mi autoestima, mi amor propio, mi tolerancia al dolor y a la frustración comenzaron a morir, a disiparse, a perderse entre constantes recuerdos de golpes, de gritos, de ofensas que muy pronto me alcanzaron y se volvieron hacia mí. Un buen día, entre los 10 y los 12 años, fui yo la golpeada, la humillada, la lastimada y no había ningún mosquito que, por lo menos, molestara al gorila, que le picara los ojos para que yo corriera y me salvara... Y así fue hasta que casi tuve 17 años, cuando me armé de valor y traté de contagiar a mi mamá para que disparáramos balas de hule contra el gorila, entre las dos sería más fácil, serían más balas y podrímos lograr que retrocediera para cerrar la puerta de la casa en su nariz. Después, con el paso de los años y con mucho valor, creamos un fuerte, el Fuerte de Maru, y el gorila no pudo entrar nunca más...


posted by Metropolitan Area Girl at 2:06