martes, marzo 30, 2010
NÁUFRAGO

Mi brújula se descompuso hace algún tiempo, no sé si cayó de mis manos o el movimiento inherente del barco la tiró sin darme cuenta. Traté de arreglarla, incluso a veces parecía funcionar más o menos bien, sin comprender que en realidad me llevaba adonde no quería ir.

No sé si quiero regresar, tampoco si me quiero ir. Estoy perdida, naufragando a la deriva y con un sentido de orientación confuso. A veces creo que deseo el retorno porque es el lugar al que pertenezco, o tal vez porque no pertenezco a nadie, a nada y simplemente es un buen lugar para estar.

Sí sé que no quiero esta inmovilidad, no hay viento, no hay corrientes marinas, no hay nada, mi pobre barco despedazado sólo aguantará un poco más, si no lo dejo ir, si no me pongo a nadar, muy pronto me hundiré con él. No, no debo aferrarme a lo que no existe más. No, no quiero reconstruirme con pedazos de madera inútiles.

¿Qué me queda? Nadar, no importa si no llego adonde quería, incluso no importa si no llego, pero tengo que nadar, aunque en el horizonte no se vea más que una línea azul profundo que apenas divide el cielo del mar, el hoy del ayer, el quiero del debo, el debo del tengo, el aquí del después.

¿Merezco este naufragio? ¿Me lo gané por toda una vida de errores e inmadurez? Sospecho que algo tiene que ver el querer echar raíces en medio de un desolado océano, en mar abierto, donde no hay nada, nadie, sólo una inmensa profundidad, una grandiosa soledad, un abrasador sol y tormentas que todo lo modifican, todo…

Brazada tras brazada intentaré rescatarme, encontrar la fortaleza que aún no tengo. Sí, es probable que no tenga destino final en tierra firme, o que esté en el fondo del mar en el que me siento tan pequeña, tan insignificante, o es posible que simplemente siga nadando infinitamente… No lo sé… lo descubriré… me descubriré…

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¿Qué necesito para olvidar?
¿Un biscuit que me empequeñezca
para perder la noción de lo importante
y la relevancia del sentir?

¿Un elixir rosado y lechoso
que me convierta en gigante
para con mis grandes pies
destruir el tiempo pasado?

¿Un gato de gran sonrisa
que me enseñe a burlarme de mí,
de ti, de él, de todo
y después desaparezca sin más?

¿Un enorme sombrero
para ocultar mis pensamientos,
mis imágenes recurrentes
de un ayer que no sé si fue?

¿Una mítica espada
para destruir ése viejo monstruo
que me impide ver más allá
de las viejas costumbres?

¿O sólo necesito ser yo,
seguir siendo quien soy,
con el poder de destruirme
y reconstruirme?

¿Ser tan grande como desee
y tan pequeña,
según mi conveniencia?
¿Pasar inadvertida o ser heroína accidental?

Dicen que soy ésa
a quien esperaban
y yo sólo deseo ser
ésta a quien deseaba.


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lunes, marzo 22, 2010
Y se acerca el momento de vivir sola... los días pasan y la decisión toma forma. Me ilusiona tener un lugar propio, donde hacer locuras y disponer de todo a mi gusto. Pero también me invaden los temores de la maldita "adultez", del pagar cuentas, hacer comida para una persona, de consolarme a mí misma en un día de mierda, de pensar en si mi trabajo es suficiente para mantenerme.

Dos semanas más y empezaré la búsqueda definitiva para encontrar una nueva vida, una mía, muy mía, con todo el egoísmo mía... sólo para compartir con quien me dé la gana y cuando lo desee. Sí, ya sé que tengo 36 años y esto podría parecer una estupidez, estos miedos, estos planes, pero siempre he vivido para alguien y con alguien, por los motivos  que sean, por las necesidades que se hayan presentado. Ahora viviré conmigo, por ahora me caigo bien, ya veremos en un mes cómo me caigo.

No empiezo de cero, tengo bastante, un sofá-cama, un refrigerador, un microondas, ropa, zapatos y otras "utilidades para la vida cómoda", me asusta pensar cuánto cuesta vivir sola, pero aprenderé...

Por el momento en mi lista de faltantes:  Pequeña estufita, o 2 parrillitas, teléfono e Internet, unas mesitas, tanque de gas y creo que ya...

En mi ideal así sería mi sala:




Tic, tac... la hora se acerca...

Mientras, me divierto con esta vida....
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viernes, marzo 19, 2010
- No manches, ¿en serio nunca habías ido a un hotel?
- Te juro que no y eso que paso por Tlalpan todos los días, nomás he ido a los bonitos, los de 4 o 5 estrellas de Acapulco
- No, no  te creo, con tu espíritu de puta... no, me estás cotorreando
- Soy puta, pero casera, por eso me gusta que tengan su rinconcito cerca del cielo
- ¿Y te gustó el hotelazo?
- Caray, pensé que era más sórdido, pero hasta es bien cómodo... el baño me gustó un buen, así, con sus paredes de vidrio, ves cómo se baña aquel y él ve cómo te bañas, es sexy... Y luego con el espejo enfrente, ves cómo se lavan uno al otro... ¡cachondísiimo!
- Pareces primeriza.... pendeja, si eres primeriza. 
- Ahora me falta uno con jacuzzi
- Ya vas subiendo de nivel
- La verdad me sentí reputísima, como siempre quise sentirme
- Pues ya tengo años de ser reputísima, me encantan los hotelazos
- Ya soy fan... quiero conocer más y hacer mis reseñas hoteleras: "Guía para putas y pecadores"...
- Mejor... "Guía Sin City"



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lunes, marzo 15, 2010
Los recuerdos de la infancia marcan de algún modo nuestras vidas, pero no en malos aspectos, como el psicoanálisis se empeña en señalar, ni siquiera pensando que por “traumas” vividos de niños somos lo que somos. Esta idea de viajar en la vida con nuestro niñ@ intern@ es maravillosa, reconocernos en esa etapa de nuestra vida y volver a sentir las emociones del primer amor, del berrinche, de la frustración.

Sí, una parte de nosotros sigue siendo ese niñ@ inmadur@, pero es ésa misma parte la que nos permite tomarnos la vida menos en serio, lanzarnos a la aventura, tomar nuevas y mejores decisiones, atrevernos a amar cuando ni siquiera pensamos en ello. No tomar las oportunidades, sino hacer realidad el momento sin pensar en consecuencias, sólo en vivir.

Taeko no viaja sólo con su niña de 10 años, viaja con todos los niños que conoció, todos la animan a vivir sin miedos, a hacer lo que quiere sin preguntarse en qué terminará todo, como una niña traviesa que se lanza al vacío de la mano con Hitoshi, dejando atrás las malas experiencias de su infancia para convertirlas en su felicidad, en su nuevo yo.

La canción final, simplemente hermosa…

Gracias al conocedor de anime que me regaló esta película, realmente es maravillosa.


posted by Metropolitan Area Girl at 14:51 | 1 comments
Basta con tener tu cuerpo cerca,
sentir la humedad de tu piel,
el olor de tu sudor,
para que mi lujuria se encienda

Me perdí entre montañas y valles,
desnudé lo aún oculto en ti,
me sumergí en nuevos ríos
de pasión y éxtasis

Tu mano acariciando los montes que te ofrezco,
mi lengua saboreando el placer,
tus dedos jugando traviesos
con el timbre secreto de mi ser.

Entre libros y películas
vivimos la nueva aventura
que ambos sabemos
abrirá nuevos caminos

No es el amor romántico,
ni la melosa compañía,
es una mezcla peligrosa
de deseo y codicia.



posted by Metropolitan Area Girl at 14:45 | 1 comments
domingo, marzo 14, 2010
Soy un baúl a medio llenar, a medio vaciar, con todo el contenido revuelto y confuso. La ropa que usé de bebé está ahí, al fondo, descolorida, de un rosa casi blanco, será porque muy poco recuerdo de esos primeros días. Encima está el vestido de terciopelo verde que tanto me gustaba, con él me sentía coqueta, aún a mis tres años, quizá un poco descarada, mostrando un poco de quién soy en realidad.

Están mis libros, mis amados libros, mis cuentos, como aquel que tanto me gustaba leer y releer, “La Bella Durmiente”, me gustaba que se pinchara el dedo, pero no que al final tuviera que casarse. No entendía cómo después de tanto tiempo dormida el mundo podía seguir igual, yo esperaba que al despertar fuera a estudiar una licenciatura, o a recorrer el mundo junto a su príncipe, en su propio caballo. Me molestaba un poco un final tan dulcecito y eso que apenas tenía 5 años.

Hasta ese punto mi baúl tiene todo un poco organizado, después las cosas están revueltas, los años no se distinguen, están en un caótico desorden que no puedo resolver. Junto a mi uniforme del “Florencia Nightingale” está una caja de Diazepam y una falda negra amplia, también unos calzones sin resorte, amarrados para que no se caigan. Los libros de mecanografía de la “Cámara de Comercio” están recargados junto a una botella vacía de whisky  y una cámara de vídeo de 8 mm.

No encuentro la forma de resolver ese conflicto de tiempo y espacio, todo aparece al azar, mis 8 años junto a mis 26 y mis penas junto a mis placeres. Pareciera que la niña que fui en los primeros 5 años de vida poco tiene que ver con la mujer que soy 31 años después. Tal vez queda un poco de desfachatez, de desvergüenza, de “valemadrismo”; pero también hay un remanente de miedos, inseguridades e inmadurez.

Hoy apenas puedo percibir las mujeres que he sido, algunas fuertes, otras muy desvanecidas. He sido la hija perfecta, la del diez, la que enorgullece a sus padres, pero que en el fondo es infeliz y sólo piensa en morir. También fui la traviesa, que rompe reglas y quiere saberlo todo, con el “por qué” en la punta de la lengua y siempre ansiosa de leer más y más. En algún momento decidí ser la mujer independiente, trabajando para estudiar, que casi no dormía, ni comía, con ropa escotada y pegada, perseguida por muchos, y sin darme cuenta, pero siempre enamorada de aquel para quien era invisible.

He sido madre sin haber parido, responsable de dos vidas sin ser dueña de la propia. Hija abandonada a su suerte, resolviendo la vida como mejor pude, tragándome mis fracasos para devolverlos como aprendizajes, llorando sola y sola enfrentando las consecuencias de mis decisiones. Soy amiga a larga distancia, pero constante y leal, enemiga de las mentiras y defensora de los derechos de la mujer.

También he sido la empleada eficiente, pero que pronto renuncia sin que nadie entienda la razón, será que me aburre ser normal, que odio la cotidianeidad o quizá que tengo graves problemas con la autoridad, la detesto. Fui la alumna sobresaliente, la del mejor ensayo, la del mejor guión y la más perfeccionista. Soy la suicida sin éxito, quien decidió vivir para proteger a los demás, pero se desprotegió a sí misma.

En algún momento fui el amadecasa-profesional-obsesiva, encadenada, por razones misteriosas, a una vida que no me convencía y que nadie me creía. También fui la traviesa sexual, con mis ojos en los calladitos, retraídos y tímidos, que son un plato de excelente calidad. Soy la amante escondida, el secreto de la lujuria que me permite ser tan libre como no había pensado que se podía ser.

Pero también soy la lucha por llegar a mis sueños inalcanzables, los proyectos casi imposibles y las ideas fuera de lugar, cuestionando todo y siempre en contra de la corriente. Soy la lectora insaciable, la navegante de Internet, la eterna cinéfila, la aprendiz de melómano, la espectadora del arte en sus expresiones más diversas.

Soy la calma y la tormenta, soy el tornado y el remolino, soy la inundación y la sequía. Soy todas las mujeres de la historia anterior a mí y el antecedente de las mujeres que vendrán con el transcurso de los años. Soy un buen consejo a destiempo, la rebeldía inyectada en la sumisión.

En mí convergen las mujeres que he sido, las que soy y las que seré, aprendiendo a ser sólo quien en realidad soy y desechando lo que los demás esperan de mí. Soy la asesina premeditada de hijos inexistentes y la potencial puta que todas llevamos dentro. Soy un esbozo de lo que quiero ser y todos los días añado algo  nuevo y quito lo inútil de mi camino. 


posted by Metropolitan Area Girl at 17:13 | 0 comments
miércoles, marzo 10, 2010
Mi mochila estaba tan llena que me aferré a seguir viviendo en el 2008, ahí me quedé, con el último gran peso que podía caber en mi backpack: El título universitario. Lo demás era tan liviano en comparación de ese trozo de carnaza con mi nombre, con mi foto, con una mención honorífica y al mismo tiempo tan impersonal para mí.


Hace algún tiempo vacié esa mochila, tenía mi infancia, a mi padre, culpas y miedos. No sé cómo la volví a llenar, si tanto disfruté mi viaje cuando iba liviana, iba sola con mis sueños tontos y unas ganas locas de divertirme. La llené con obsesiones, con encierros inexplicables, con miedo al mundo exterior, con la no aceptación de una supuesta inteligencia, con rutinas estúpidas y con un disfraz de amadecasa-profesional-fría-obsesiva-compulsiva.


Alguien me obligó a vaciarla, así, de la nada, sin esperarlo, después de una rutinaria cena, me empujó al abismo con mi mochilita vacía. No tuvo piedad, tiró a la basura todo lo que sacó de mi mochila, me dejó sin nada, sin un referente sobre los últimos 10 años de mi vida. Pero no lo odiaba, ni lo odiaré jamás, es duro que te despidan de tu mundito inútil, pero tiene que ser en persona, aunque olvidó darme mi paquete de oportunidades, ese fue el detalle no contemplado.


Sin embargo, y para mi sorpresa, caminé bastante ligera, tanto que pude recordar quién era y dejar de ser lo que odiaba. Recordé cómo era decir que no y descubrí que quiero redescubrirme y vivir sola un tiempo. Tampoco extraño esa mochilota repleta de mierda, para nada, mucho menos las rutinas o las obligaciones autoimpuestas por mi incapacidad de ser yo. Extraño al Ryan que me sacó todos mi cachivaches…


Sólo me pregunto si en su mochilita semi-vacía alguna vez hubo un lugarcito para mí, si todavía lo hay o si me lo puedo ganar, me conformo con ser su mecánico de vuelo, es hábil para detectar cuando llevo demasiada carga, tan hábil como ciega fui yo para no darme cuenta de que me arrastraba.

posted by Metropolitan Area Girl at 22:05 | 0 comments
En algún lugar leí que si al final de la película sentías lástima o tristeza por “Precious”, definitivamente no la habías entendido y creo que así es. No, no siento lástima ni tristeza por ella, siento admiración por su fortaleza, misma que nació de su ingenuidad, de sus sueños, del mundo mágico que la salvaba en los momentos más dolorosos de su vida.


Podrá sonar raro y extraño, pero al igual que Precious yo me veía, me soñaba frente al espejo como una niña rubia, de ojos claros y largos caireles rubios, tal vez deseaba escapar de mi realidad, de los golpes, de las humillaciones, no lo sé.


Con los años aprendí a amar mi cuerpo, lleno de curvas mágicas que hoy valoro tanto. Yo no quería ser cantante, anhelaba ser corresponsal de guerra o escritora, pero la vida me ha llevado por otros rumbos, hasta obligarme a reinventarme y voltear a ver a mujeres como Precious, o como su mamá, para soñar que puedo ayudarlas, que puedo sostenerlas, que puedo ser un pequeño bastón donde puedan recargar su vida, sus penas.


Y sí, también me vi reflejada en la actitud peleonera, respondona, golpeadora de Precious, me recordé peleando con cuánta persona quería pasarse de lista conmigo, con hombres que en el metro manoseaban mi trasero, con el conductor idiota que casi me atropella, con la mujer que me empujó sin razón en el metro. Sé que no era lo correcto, pero vivía cada instante en defensa propia, así me enseñó la vida, a estar siempre con la guardia cerrada.


A pesar de muchos acontecimientos en mi vida jamás he querido sentirme víctima, me incomoda, me da flojera; pero tampoco he querido ser heroína, ni la mejor, ni el ejemplo a seguir, porque día con día veo nuevos errores y sé que estoy muy lejos de ser medianamente fuerte o valiente. Me conformo con intentar resolver los problemas, minimizar los conflictos y encontrar soluciones en el amplio espectro grisáceo que hay entre el negro y el blanco, entre el todo y la nada.


Eso sí, a pesar de que la vida puede lastimar, que hay cosas que salen de control (afortunadamente), de que parece que siempre tengo que empezar de cero, me siento feliz, contenta, con esperanza. No sé que venga en el futuro, todo es tan incierto hoy, pero sí sé que puedo enfrentarlo, que puedo ser yo y dejar ser a los demás.


Como Precious caminaré por las calles de Neza, sin hijos, pero con una enorme responsabilidad de ser feliz, sea como sea.


posted by Metropolitan Area Girl at 21:43 | 0 comments
sábado, marzo 06, 2010
Mi piel cubierta de gotas de sudor aperladas.
Tu boca buscando mi lengua anhelante.
Nuestros cuerpos rememorando el espacio vacío,
llenando los huecos con caricias obscenas.

El tiempo pasó
y tras de sí dejó
mi deseo anhelante,
tu pasión constante

Pero nuestra piel tiene memoria,
reconoce el aroma,
finge no saberlo,
pero conoce el camino

Una embestida, dos, tres.
Lengüetazos y besos violentos,
permisos abiertos
y túneles por recorrer

Eres mi amante,
soy tu puta,
arriba o abajo,
adentro y afuera.

No sé si leí esta historia,
o sólo la imaginé
para escribirla en tu piel
con el jugo de mis entrañas

Este deseo, esta pasión,
no se volverán a ir,
extrañarnos es la excusa
para volver a fluir.


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¡Qué sencillos eran aquellos días! Sí, eran sencillos y crueles, días en los que nos domesticamos sin preguntarnos  nada, en los que el cuerpo a cuerpo era un gozo natural, cotidiano y quizá un poco desvalorizado. Caminamos de la mano, saltando obstáculos, cayendo uno y levantando el otro. Parecía todo tan sencillo, era todo tan fácil.

Hasta que caímos al mismo tiempo, ninguno pudo levantar al otro y, diantres, era un maldito pantano de arenas movedizas. Si trataba de rescatarte, me hundía más y lo mismo te pasó a ti. Lo sencillo se transformó en complicado, luchamos dos semanas enteras, 15 días completos, para salir de ahí, hasta que entendimos que cada uno tendría que salvarse, no había opción.

Primero saliste tú, después lo hice yo, pero ya no estabas, aunque me dejaste una nota: "No pongas freno a tu libertad. Quítame el cinturón de seguridad". Y no entendí nada. Vagué sin rumbo, me detuve para orientarme, pero nada tenía sentido. Como perro abandonado olfateé cada centímetro de brechas y carreteras, a veces encontraba tu rastro, pero lo perdía de inmediato.

No, no podía ser cierto, ya no estaba tu mano que me levantara, tampoco tu voz que dirigía mi consuelo. Sólo estaba yo, en una caótica carretera con autos sin luces que amenazaban mi suerte. Hora tras hora, día tras día, el vacío se comenzó a llenar y entendí que era hora de crecer, de madurar y de empezar de nuevo, otra vez. Lo hice, diseñé nuevos planes, diferentes estrategias, pero mi alma, mi cuerpo y mi memoria se negaban a dejarte ir.

Busqué razones y sólo encontré incoherencias, qué estuvo mal, debí detenerte, tendría que haberme contenido. No, las cosas son y ya, no hay más que aprendizaje. No hay culpas, ni culpables o víctimas, sólo palabras no escuchadas y obsesiones inútiles. Así tuve que hacer la cíclica pregunta que tanto odio:  ¿Quién soy en realidad? 

Soy la mujer idealista de causas perdidas. Soy la gaviota que en pleno vuelo pierde confianza en sí. Soy la carcelera inconforme de mis propios deseos. Soy la pregunta absurda de una respuesta ingenua. Soy la puta escondida tras viejas ideas. Soy la libertad expresada con cadenas. Soy el fin y el inicio constante. Soy la oportunidad de ser quien yo quiera. Soy el cambio latente. Soy la retadora sin posibilidades. Soy el triunfo del fracaso cantado. Soy un punto en una pintura surrealista. Soy la incongruencia de lo asertivo. Soy la mala decisión que termina en buen intento. Soy la aventura del hombre que anhelo. Soy la letra central de la palabra obscena.

Soy el deseo incontrolable de mis ideas recurrentes: Libertad, pasión y locura.
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miércoles, marzo 03, 2010
Recuerdo haber escuchado algo de esta película, pero mi recuerdo era vago porque no era yo, era una especie de sucubo viviendo en un túnel intemporal, pero ese es otro tema, complejo y lamentable y que tocaré en otra ocasión.

"An education" movió mis recuerdos, cimbró mis cimientos y confirmó mi sentir. Siempre lo he dicho, no puedo quejarme, todo lo que viví me ha servido para ser quien soy y ese "yo" me cae bien, aún con todos los errores o malas decisiones que pude, o puedo, tomar. Y sí, hubo una época en mi vida en la que no tuve opciones, ni derecho a decidir, cuando era obligada a reprimir mis deseos para sobrevivir de un padre golpeador y violento.

Así fui inscrita, casi con pistola en mano,  a la ESCUELA COMERCIAL "CÁMARA DE COMERCIO", porque ahí estudió la hermana de mi papá y a él no le parecía mala idea que yo terminara siendo secretaria  -con lo honroso que es este trabajo-, pero no era lo que yo quería. En aquel 1985 yo sólo deseaba ingresar al Colegio Williams o a la Tepeyac del Valle, adonde irían muchos de mis amigos y porque quería perfeccionar mi inglés. De nada sirvió mi beca completa, no pude hacer lo que quería.

Y pasaron 3 años, 1988, otra vez sin opción, a fuerza de golpes y gritos, fui reinscrita en la misma escuela, ahora en Bachillerato con técnico en contabilidad. ¿Mi sueño? Estudiar en una preparatoria de la U.N.A.M. No fue posible y perdí otro pedazo de vida, autoestima y mi derecho a elegir sobre mi futuro. En esos tres años de bachillerato sucedieron muchas cosas, entre ellas que mi padre se fue y ni siquiera terminó de pagar los estudios que él me obligó a realizar.

Entonces llegó el año de mi libertad... 20 de noviembre de 1990, el día que me marcó para siempre... Él se fue, me quitó los grilletes y rompí la cadena que me ataba a su voluntad. Pero la libertad fue demasiada, abrupta y dolorosa. Muchos apostaron que me embarazaría o casaría joven, parece que la mayoría cree que es el camino de las hijas que no tienen padre, sobre todo hace 20 años. No fue así... no hice lo que dicen que tenía que hacer. De hecho, tuve un par de novios que me dejaron más pena y enseñanzas que alegría y amor.

Sabía que sin dinero mis opciones eran, nuevamente, casi inexistentes: Pude entrar a  trabajar y olvidarme de mis sueños, además el dinero hacía bastante falta. O podría haberme acostado con cualquiera que me ofreciera algo de estabilidad, alguien mayor, y propuestas no faltaban. También pude haberme casado y nadie me habría culpado. Pero tenía 17 años y muchos sueños por delante, quería escribir mucho, leer más y conocer el mundo entero. Me sabía inteligente, pero me daba pánico la vida.

Mi primer éxito como individuo, como persona libre, fue ingresar a la U.N.A.M., en la licenciatura que deseaba, Ciencias de la Comunicación, fui feliz, pero también miedosa. No conocía el mundo y después de 6 años en escuela exclusiva para mujeres, sin amigos en el mundo, sin salir de casa y con semejante drama del abandono de mi padre, los hombres me daban terror. El mundo me daba terror.

Trabajé  y estudié, ahí dejé el 60% de mi energía, pero yo sola lo hice, lo logré, terminé mi carrera y con muy buen promedio. Por cosas de la vida, que son largas de narrar, tardé 13 años en titularme, pero nuevamente lo hice sola, con mi necedad  y mi afán de perfección y mi propio dinero, ahora apoyada por un gran hombre que me sostuvo en los tiempos de flaqueza.

Afortunadamente hoy,  a mis 36 años, reconozco el camino andado, las puertas cerradas que forcé con mi necedad, los caminos que he abierto (y que sigo abriendo) y veo frente a mí brechas, caminos, carreteras que sé que  me llevarán a algún lado... A veces sola, otras veces en compañía, pero siempre de la mano de generaciones de mujeres que me antecedieron y que derribaron montañas, abrieron mares y construyeron puentes para nosotras, las mujeres de hoy.
posted by Metropolitan Area Girl at 22:17 | 0 comments
martes, marzo 02, 2010
Nunca volveré a estar en el mismo lugar,
por más que mis anhelos me traicionen,
jamás regresaré a los errores cometidos,
ni podré remendarlos sin dañar.


Sólo me queda el hoy,
levantarme de la dura caída,
desempolvar codos y rodillas
y escribir solo el día a día.


Sé que las disculpas no borran  heridas
y el perdón siempre resulta tardío,
pero reconozco cuando el puñal deslizo,
aún disfrazado de cariño.


No quise herirte, mucho menos a mí,
sucedió de esta manera, no hay mayor tragedia,
pero aún nos queda el hoy, tal vez el mañana,
y la voluntad de querer, desear o amar.


¿Qué puedo ofrecerte?
Una verdadera libertad, no la condicional.
También pongo en la mesa
las cosas que siempre nos han hecho reir.


Y si hoy te sigo amando,
no tiene mayor importancia,
porque frente a mí tengo
un cuaderno en blanco.


En él escribiré nuevas aventuras,
tu mano dibujará mi cuerpo desnudo
juntos escribiremos una historia distinta,
lejos del tiempo y la melancolía

posted by Metropolitan Area Girl at 16:48 | 0 comments