¡Qué sencillos eran aquellos días! Sí, eran sencillos y crueles, días en los que nos domesticamos sin preguntarnos nada, en los que el cuerpo a cuerpo era un gozo natural, cotidiano y quizá un poco desvalorizado. Caminamos de la mano, saltando obstáculos, cayendo uno y levantando el otro. Parecía todo tan sencillo, era todo tan fácil.
Hasta que caímos al mismo tiempo, ninguno pudo levantar al otro y, diantres, era un maldito pantano de arenas movedizas. Si trataba de rescatarte, me hundía más y lo mismo te pasó a ti. Lo sencillo se transformó en complicado, luchamos dos semanas enteras, 15 días completos, para salir de ahí, hasta que entendimos que cada uno tendría que salvarse, no había opción.
Primero saliste tú, después lo hice yo, pero ya no estabas, aunque me dejaste una nota: "No pongas freno a tu libertad. Quítame el cinturón de seguridad". Y no entendí nada. Vagué sin rumbo, me detuve para orientarme, pero nada tenía sentido. Como perro abandonado olfateé cada centímetro de brechas y carreteras, a veces encontraba tu rastro, pero lo perdía de inmediato.
No, no podía ser cierto, ya no estaba tu mano que me levantara, tampoco tu voz que dirigía mi consuelo. Sólo estaba yo, en una caótica carretera con autos sin luces que amenazaban mi suerte. Hora tras hora, día tras día, el vacío se comenzó a llenar y entendí que era hora de crecer, de madurar y de empezar de nuevo, otra vez. Lo hice, diseñé nuevos planes, diferentes estrategias, pero mi alma, mi cuerpo y mi memoria se negaban a dejarte ir.
Busqué razones y sólo encontré incoherencias, qué estuvo mal, debí detenerte, tendría que haberme contenido. No, las cosas son y ya, no hay más que aprendizaje. No hay culpas, ni culpables o víctimas, sólo palabras no escuchadas y obsesiones inútiles. Así tuve que hacer la cíclica pregunta que tanto odio: ¿Quién soy en realidad?
Soy la mujer idealista de causas perdidas. Soy la gaviota que en pleno vuelo pierde confianza en sí. Soy la carcelera inconforme de mis propios deseos. Soy la pregunta absurda de una respuesta ingenua. Soy la puta escondida tras viejas ideas. Soy la libertad expresada con cadenas. Soy el fin y el inicio constante. Soy la oportunidad de ser quien yo quiera. Soy el cambio latente. Soy la retadora sin posibilidades. Soy el triunfo del fracaso cantado. Soy un punto en una pintura surrealista. Soy la incongruencia de lo asertivo. Soy la mala decisión que termina en buen intento. Soy la aventura del hombre que anhelo. Soy la letra central de la palabra obscena.
Soy el deseo incontrolable de mis ideas recurrentes: Libertad, pasión y locura.


posted by Metropolitan Area Girl at 20:03