Recuerdo haber escuchado algo de esta película, pero mi recuerdo era vago porque no era yo, era una especie de sucubo viviendo en un túnel intemporal, pero ese es otro tema, complejo y lamentable y que tocaré en otra ocasión.
"An education" movió mis recuerdos, cimbró mis cimientos y confirmó mi sentir. Siempre lo he dicho, no puedo quejarme, todo lo que viví me ha servido para ser quien soy y ese "yo" me cae bien, aún con todos los errores o malas decisiones que pude, o puedo, tomar. Y sí, hubo una época en mi vida en la que no tuve opciones, ni derecho a decidir, cuando era obligada a reprimir mis deseos para sobrevivir de un padre golpeador y violento.
Así fui inscrita, casi con pistola en mano, a la ESCUELA COMERCIAL "CÁMARA DE COMERCIO", porque ahí estudió la hermana de mi papá y a él no le parecía mala idea que yo terminara siendo secretaria -con lo honroso que es este trabajo-, pero no era lo que yo quería. En aquel 1985 yo sólo deseaba ingresar al Colegio Williams o a la Tepeyac del Valle, adonde irían muchos de mis amigos y porque quería perfeccionar mi inglés. De nada sirvió mi beca completa, no pude hacer lo que quería.
Y pasaron 3 años, 1988, otra vez sin opción, a fuerza de golpes y gritos, fui reinscrita en la misma escuela, ahora en Bachillerato con técnico en contabilidad. ¿Mi sueño? Estudiar en una preparatoria de la U.N.A.M. No fue posible y perdí otro pedazo de vida, autoestima y mi derecho a elegir sobre mi futuro. En esos tres años de bachillerato sucedieron muchas cosas, entre ellas que mi padre se fue y ni siquiera terminó de pagar los estudios que él me obligó a realizar.
Entonces llegó el año de mi libertad... 20 de noviembre de 1990, el día que me marcó para siempre... Él se fue, me quitó los grilletes y rompí la cadena que me ataba a su voluntad. Pero la libertad fue demasiada, abrupta y dolorosa. Muchos apostaron que me embarazaría o casaría joven, parece que la mayoría cree que es el camino de las hijas que no tienen padre, sobre todo hace 20 años. No fue así... no hice lo que dicen que tenía que hacer. De hecho, tuve un par de novios que me dejaron más pena y enseñanzas que alegría y amor.
Sabía que sin dinero mis opciones eran, nuevamente, casi inexistentes: Pude entrar a trabajar y olvidarme de mis sueños, además el dinero hacía bastante falta. O podría haberme acostado con cualquiera que me ofreciera algo de estabilidad, alguien mayor, y propuestas no faltaban. También pude haberme casado y nadie me habría culpado. Pero tenía 17 años y muchos sueños por delante, quería escribir mucho, leer más y conocer el mundo entero. Me sabía inteligente, pero me daba pánico la vida.
Mi primer éxito como individuo, como persona libre, fue ingresar a la U.N.A.M., en la licenciatura que deseaba, Ciencias de la Comunicación, fui feliz, pero también miedosa. No conocía el mundo y después de 6 años en escuela exclusiva para mujeres, sin amigos en el mundo, sin salir de casa y con semejante drama del abandono de mi padre, los hombres me daban terror. El mundo me daba terror.
Trabajé y estudié, ahí dejé el 60% de mi energía, pero yo sola lo hice, lo logré, terminé mi carrera y con muy buen promedio. Por cosas de la vida, que son largas de narrar, tardé 13 años en titularme, pero nuevamente lo hice sola, con mi necedad y mi afán de perfección y mi propio dinero, ahora apoyada por un gran hombre que me sostuvo en los tiempos de flaqueza.
Afortunadamente hoy, a mis 36 años, reconozco el camino andado, las puertas cerradas que forcé con mi necedad, los caminos que he abierto (y que sigo abriendo) y veo frente a mí brechas, caminos, carreteras que sé que me llevarán a algún lado... A veces sola, otras veces en compañía, pero siempre de la mano de generaciones de mujeres que me antecedieron y que derribaron montañas, abrieron mares y construyeron puentes para nosotras, las mujeres de hoy.


posted by Metropolitan Area Girl at 22:17