miércoles, marzo 10, 2010
En algún lugar leí que si al final de la película sentías lástima o tristeza por “Precious”, definitivamente no la habías entendido y creo que así es. No, no siento lástima ni tristeza por ella, siento admiración por su fortaleza, misma que nació de su ingenuidad, de sus sueños, del mundo mágico que la salvaba en los momentos más dolorosos de su vida.


Podrá sonar raro y extraño, pero al igual que Precious yo me veía, me soñaba frente al espejo como una niña rubia, de ojos claros y largos caireles rubios, tal vez deseaba escapar de mi realidad, de los golpes, de las humillaciones, no lo sé.


Con los años aprendí a amar mi cuerpo, lleno de curvas mágicas que hoy valoro tanto. Yo no quería ser cantante, anhelaba ser corresponsal de guerra o escritora, pero la vida me ha llevado por otros rumbos, hasta obligarme a reinventarme y voltear a ver a mujeres como Precious, o como su mamá, para soñar que puedo ayudarlas, que puedo sostenerlas, que puedo ser un pequeño bastón donde puedan recargar su vida, sus penas.


Y sí, también me vi reflejada en la actitud peleonera, respondona, golpeadora de Precious, me recordé peleando con cuánta persona quería pasarse de lista conmigo, con hombres que en el metro manoseaban mi trasero, con el conductor idiota que casi me atropella, con la mujer que me empujó sin razón en el metro. Sé que no era lo correcto, pero vivía cada instante en defensa propia, así me enseñó la vida, a estar siempre con la guardia cerrada.


A pesar de muchos acontecimientos en mi vida jamás he querido sentirme víctima, me incomoda, me da flojera; pero tampoco he querido ser heroína, ni la mejor, ni el ejemplo a seguir, porque día con día veo nuevos errores y sé que estoy muy lejos de ser medianamente fuerte o valiente. Me conformo con intentar resolver los problemas, minimizar los conflictos y encontrar soluciones en el amplio espectro grisáceo que hay entre el negro y el blanco, entre el todo y la nada.


Eso sí, a pesar de que la vida puede lastimar, que hay cosas que salen de control (afortunadamente), de que parece que siempre tengo que empezar de cero, me siento feliz, contenta, con esperanza. No sé que venga en el futuro, todo es tan incierto hoy, pero sí sé que puedo enfrentarlo, que puedo ser yo y dejar ser a los demás.


Como Precious caminaré por las calles de Neza, sin hijos, pero con una enorme responsabilidad de ser feliz, sea como sea.


posted by Metropolitan Area Girl at 21:43 |

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