domingo, marzo 14, 2010
Soy un baúl a medio llenar, a medio vaciar, con todo el contenido revuelto y confuso. La ropa que usé de bebé está ahí, al fondo, descolorida, de un rosa casi blanco, será porque muy poco recuerdo de esos primeros días. Encima está el vestido de terciopelo verde que tanto me gustaba, con él me sentía coqueta, aún a mis tres años, quizá un poco descarada, mostrando un poco de quién soy en realidad.

Están mis libros, mis amados libros, mis cuentos, como aquel que tanto me gustaba leer y releer, “La Bella Durmiente”, me gustaba que se pinchara el dedo, pero no que al final tuviera que casarse. No entendía cómo después de tanto tiempo dormida el mundo podía seguir igual, yo esperaba que al despertar fuera a estudiar una licenciatura, o a recorrer el mundo junto a su príncipe, en su propio caballo. Me molestaba un poco un final tan dulcecito y eso que apenas tenía 5 años.

Hasta ese punto mi baúl tiene todo un poco organizado, después las cosas están revueltas, los años no se distinguen, están en un caótico desorden que no puedo resolver. Junto a mi uniforme del “Florencia Nightingale” está una caja de Diazepam y una falda negra amplia, también unos calzones sin resorte, amarrados para que no se caigan. Los libros de mecanografía de la “Cámara de Comercio” están recargados junto a una botella vacía de whisky  y una cámara de vídeo de 8 mm.

No encuentro la forma de resolver ese conflicto de tiempo y espacio, todo aparece al azar, mis 8 años junto a mis 26 y mis penas junto a mis placeres. Pareciera que la niña que fui en los primeros 5 años de vida poco tiene que ver con la mujer que soy 31 años después. Tal vez queda un poco de desfachatez, de desvergüenza, de “valemadrismo”; pero también hay un remanente de miedos, inseguridades e inmadurez.

Hoy apenas puedo percibir las mujeres que he sido, algunas fuertes, otras muy desvanecidas. He sido la hija perfecta, la del diez, la que enorgullece a sus padres, pero que en el fondo es infeliz y sólo piensa en morir. También fui la traviesa, que rompe reglas y quiere saberlo todo, con el “por qué” en la punta de la lengua y siempre ansiosa de leer más y más. En algún momento decidí ser la mujer independiente, trabajando para estudiar, que casi no dormía, ni comía, con ropa escotada y pegada, perseguida por muchos, y sin darme cuenta, pero siempre enamorada de aquel para quien era invisible.

He sido madre sin haber parido, responsable de dos vidas sin ser dueña de la propia. Hija abandonada a su suerte, resolviendo la vida como mejor pude, tragándome mis fracasos para devolverlos como aprendizajes, llorando sola y sola enfrentando las consecuencias de mis decisiones. Soy amiga a larga distancia, pero constante y leal, enemiga de las mentiras y defensora de los derechos de la mujer.

También he sido la empleada eficiente, pero que pronto renuncia sin que nadie entienda la razón, será que me aburre ser normal, que odio la cotidianeidad o quizá que tengo graves problemas con la autoridad, la detesto. Fui la alumna sobresaliente, la del mejor ensayo, la del mejor guión y la más perfeccionista. Soy la suicida sin éxito, quien decidió vivir para proteger a los demás, pero se desprotegió a sí misma.

En algún momento fui el amadecasa-profesional-obsesiva, encadenada, por razones misteriosas, a una vida que no me convencía y que nadie me creía. También fui la traviesa sexual, con mis ojos en los calladitos, retraídos y tímidos, que son un plato de excelente calidad. Soy la amante escondida, el secreto de la lujuria que me permite ser tan libre como no había pensado que se podía ser.

Pero también soy la lucha por llegar a mis sueños inalcanzables, los proyectos casi imposibles y las ideas fuera de lugar, cuestionando todo y siempre en contra de la corriente. Soy la lectora insaciable, la navegante de Internet, la eterna cinéfila, la aprendiz de melómano, la espectadora del arte en sus expresiones más diversas.

Soy la calma y la tormenta, soy el tornado y el remolino, soy la inundación y la sequía. Soy todas las mujeres de la historia anterior a mí y el antecedente de las mujeres que vendrán con el transcurso de los años. Soy un buen consejo a destiempo, la rebeldía inyectada en la sumisión.

En mí convergen las mujeres que he sido, las que soy y las que seré, aprendiendo a ser sólo quien en realidad soy y desechando lo que los demás esperan de mí. Soy la asesina premeditada de hijos inexistentes y la potencial puta que todas llevamos dentro. Soy un esbozo de lo que quiero ser y todos los días añado algo  nuevo y quito lo inútil de mi camino. 


posted by Metropolitan Area Girl at 17:13 |

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